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domingo, 5 de abril de 2015

El Planisferio de Cantino: El mapa maestro de Portugal.

Llegada de Vasco de Gama a la costa de Calicut, en la India (1498).

En esta nueva entrada cambiaremos de línea temporal y nos adentraremos en un periodo de la Historia que, a título personal, es uno de los más interesantes y complejos, el de los grandes descubrimientos. Destaca sobre todo el ámbito de los mapas, pues a medida que se iban conociendo y explorando nuevos territorios tanto más iban creciendo los contornos dibujados de las nuevas costas. Por ello os traemos uno de los mapas más importantes de este periodo, tanto porque ya mostraba los descubrimientos hechos por Colón como por el nivel de secretismo al que estaba sujeto por parte de la corona portuguesa. Esperamos que os guste.

sábado, 26 de julio de 2014

La vida monacal en la Edad Media (Parte III).

Cripta visigoda, Palencia

Finalmente hemos dividido el último apartado de este monográfico en dos capítulos para una más fácil lectura. Por una parte el capítulo tercero, centrado en el periodo que va desde el siglo V hasta la llegada y asentamiento de los musulmanes en la Península Ibérica, y el cuarto, que aborda desde los inicios del reino astur-leonés hasta el siglo XIII y comienzos del XIV, incluyendo al final la bibliografía. ¡Que los disfrutéis!


sábado, 7 de junio de 2014

Pwyll y el rey Arawn. Un relato tradicional galés.

Hoy os traemos una pequeña adaptación de uno de los relatos más interesantes y famosos de la tradición celta: la historia de Arawn y Pwyll. Se encuentra en el Mabinogion, un conjunto de leyendas galesas, recogidas en la Edad Media pero que tienen su origen en siglos anteriores, incluso nos aventuramos a decir que antes de nuestra era. ¡Que lo disfrutéis!


miércoles, 4 de junio de 2014

La vida monacal en la Edad Media (Parte II).

Una cruz del monasterio de Clonmacnoise, fundado en el 548 por San Ciarán

Tal y como os prometimos os ofrecemos la segunda parte de "La vida monacal en la Edad Media". En este segundo artículo nos centraremos en un tipo de vida monástica muy particular, la irlandesa, y también desarrollaremos más ampliamente la vida en los monasterios europeos durante la Edad Media. 

sábado, 24 de mayo de 2014

La vida monacal en la Edad Media (Parte I).

Monasterio de Santo Domingo de Silos

Durante la Edad Media, las órdenes religiosas ejercieron una influencia constituyente, algo que no sucedió ni en la antigüedad ni en los tiempos modernos. La primera fase de la Edad Media contempló impresionantes logros civilizadores y misioneros en espacios vacíos fuera de los países mediterráneos, espacios vacíos que se llenaron de fundaciones monásticas. Las estructuras monásticas de la edad media (hasta el siglo XII) recubrirán el territorio con una red de centros eclesiales antes incluso de que se cree la estructura parroquial. Cuando, en los siglos XII-XIII, se desarrollan con toda pujanza las ciudades, nacerá el movimiento mendicante, con el que la vida monástica se implantaría definitivamente en las ciudades. 
En este monográfico abordaremos la historia de los monasterios; conoceremos el origen de estas entidades colectivas, desde su surgimiento en la Antigüedad Tardía hasta su época de esplendor en la Baja Edad Media. Conoceremos las costumbres y hábitos de los monjes, las reglas por las que se rigen, sus particularidades regionales y demás características que los hacen únicos en el tejido eclesiástico presente en casi toda Europa.
Como con los otros monográficos, en la última entrada os proporcionaremos la bibliografía y las fuentes utilizadas para la elaboración del artículo.

lunes, 19 de mayo de 2014

Una nueva tumba de “vampiro” hallada en Polonia.


Para que no pudiera regresar a la vida y salir de su féretro le clavaron una pierna con una estaca. La piedra que colocaron en su boca estaba destinada a evitar que una vez resucitado siguiera bebiendo sangre…Así han encontrado un equipo de arqueólogos polacos en Kamien Pomiorski, Polonia, mientras excavaban en un cementerio que estaba cerca de la iglesia de la ciudad. Datado en torno al siglo XVI, el enterramiento revela los temores y creencias de esta época en Europa del Este acerca de la existencia de vampiros.
Los datos arqueológicos reunidos en los últimos años, afianzan la existencia de estas creencias y rituales mortuorios en torno a estos seres, ya que no es el primer caso de este tipo, en otra ciudad de Polonia, Gliwice, fueron encontrados cuerpos de entre los siglos XV y XVI con características similares, en este caso con la cabeza cortada situada entre las piernas.

En Sozopol, Bulgaria, otros dos enterramientos más antiguos -en torno a los siglos XIII o XIV- se descubrieron con un ritual mucho más cercano a las historias de vampiros de ficción que conocemos de los siglos XIX y XX, y que están grabadas en el imaginería popular ya que fueron enterrados con las icónicas estacas clavadas en el corazón que evocan siempre a los inmortales bebedores de sangre.

Destacan entre las historias que popularizaron el género de vampiros la originaria novela Drácula (1897) de Bram Stoker, o la más reciente La historiadora (2005) de Elisabeth Kostova, que también investiga en los orígenes del mito del conde Vlad Tepes.
En los años treinta los estudios Universal popularizaron la imagen del conde de Dráculacon una serie de películas interpretadas por el actor de origen húngaro Bela Lugoshi, que antes de su muerte en 1956, identificado totalmente con el personaje pidió que le enterraran con la característica capa del conde Drácula.
En los 90, el género se revitalizó en el cine, primero con la adaptación de la novela de Bram Stoker que llevó a cabo el renombrado director Francis Ford Coppola. Drácula (1992) resultó una película que obtuvo buenas críticas y que impulsó las carreras de Winona Ryder y Gary Oldman e hizo lo que pudo por la de Keanu Reeves, el otro vértice del triángulo protagonista.
En esa misma época se revisó la serie de novelas de la escritora estadounidense Anne Rice, cuya Entrevista con el vampiro (1977) fue llevada a la pantalla con notable talento por parte de Neil Jordan en 1994, el reparto estelar incluía a Brad Pitt, Tom Cruise,Stephen Rea, Christian Slater y Antonio Banderas, aunque el peso recaía sobre el primero de ellos, la película se la acabó robando Tom Cruise, que firmaría uno de sus mejores trabajos.
Más arriesgada y memorable fue Adicción (1995) de Abel Ferrara que sumergía a los bebedores de sangre, con Christopher Walken a la cabeza, en el submundo de la droga.
Lejos de la imagen sórdida de Ferrrara, la fascinación por estos seres inmortales que no envejecen se plasmó en la saga Crepúsculo, destinada a un público adolescente con un notable éxito tanto en las novelas como en las versiones cinematográficas interpretadas por Robert Pattison.

Queda por saber qué elementos reales o imaginados, que sugestión, enfermedad o rareza, convertía, entre los siglos XII y XVI a personas de ser sospechosas de vampirismo, quizás los análisis de los restos hallados en los últimos años den pistas sobre ello.

martes, 13 de mayo de 2014

Dos arqueólogos aficionados hallan un tesoro vikingo.


Dos arqueólogos aficionados han hallado con la ayuda de detectores de metales un tesoro vikingo en el interior de la isla danesa de Bornholm, situada en el mar Báltico. El tesoro, que ha sido datado alrededor del año 1080, a finales de la época vikinga, está compuesto por unas 250 monedas de plata, tres de oro, una hebilla de plata chapada en oro, un anillo de oro y un lingote de plata, según anunció a finales de abril elMuseo Nacional de Dinamarca. Las tres monedas de oro son sencillamente excepcionales. Dos de ellas son dinares árabes de la dinastía fatimí, una procedente de Egipto y fechada en 1040 y la otra procedente de Túnez y fechada en 1060. Nunca antes habíamos visto dinares árabes de oro en un tesoro vikingo hallado en Dinamarca, asegura René Laursen, del Museo de Bornholm, donde actualmente se exhiben las piezas. La tercera moneda es un dinar de oro procedente de Colonia y acuñado por Anno II, quien fue arzobispo de esta ciudad entre 1056 y 1075, según explica Gitte Ingvardson, un arqueólogo que dedica su doctorado a investigar los tesoros en la isla.

El tesoro ha sido descubierto por Bent Gregersen, de 61 años, quien trabaja en la construcción, y Frank Pelle, de 64 años, un técnico de IBM retirado. Gregersen fue pionero en utilizar detectores de metales en la isla a comienzos de los años ochenta, mientras que Pelle hace ocho años que se dedica a esta afición. "Somos amigos y disfrutamos en compañía cuando salimos con los detectores. No somos buscadores de tesoros, sino que tenemos un gran interés por conocer y compartir el pasado de esta isla. Somos arqueólogos aficionados y realizamos un trabajo voluntario para el museo local", explican a Historia National Geographic. "Tras dedicar varias horas a investigar mapas antiguos e identificar los lugares en los que previamente habíamos hallado otras piezas, localizamos un área que no habíamos examinado adecuadamente. Caminamos durante media hora y llegamos a un terreno con algunos restos de cerámica en la superficie que eran un indicio de una antigua actividad. Los detectores de metales se volvieron locos. Encontramos entre diez y quince monedas de plata en un espacio muy reducido y poco profundo. El corazón nos latió fuertemente y experimentamos un subidón de adrenalina cuando a continuación descubrimos un anillo y tres monedas de oro. Varias veces nos miramos el uno al otro con una sonrisa estúpida... No nos podíamos creer la suerte que habíamos tenido", comentan.

martes, 6 de mayo de 2014

Año 844 DC: los vikingos saquean Sevilla (Parte I).


Antes de comenzar con el relato de la primera parte de este apasionante y desconocido episodio de la historia de la Alta Edad Media española, es conveniente realizar una pequeña introducción para ponernos en antecedentes.

A mediados del s. VIII d.C los musulmanes se habían adueñado de una buena parte del mundo conocido. Apenas un siglo después de la muerte del profeta Mahoma (632), el Islam había traspasado las fronteras naturales de la península arábiga para dominar un vasto imperio que se extendía desde el actual Pakistán hasta los desiertos de Marruecos y el sur de España, cuya conquista comenzaría en el año 711 en detrimento del reino visigodo de Toledo.

Los vikingos llegaron a Madeira cuatro siglos antes que los portugueses.


Cuatro siglos antes de la colonización portuguesa, el hombre podría haber pisado la isla de Madeira. Así se desprende de un trabajo liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que se basa en la datación de huesos antiguos de ratón hallados en un yacimiento fosilífero de Ponta de São Lourenço. Según los resultados, publicados en la revista Proceedings of the Royal Society B, los ratones domésticos habrían llegado a la isla antes del año 1036, muy probablemente transportados en un barco. El artículo sugiere, además, que la introducción de esta especie habría desembocado en una catástrofe ecológica.

Hasta ahora se había documentado la llegada del hombre a Macaronesia en dos oleadas sucesivas: una aborigen, limitada a las Islas Canarias hace dos milenios, y otra colonial, desde el siglo XIV en adelante, que se produjo en todas las islas de los archipiélagos. De acuerdo con los datos históricos, los portugueses tomaron posesión de Madeira oficialmente en 1419, fecha en que se inició la colonización.

El equipo de investigadores, formado también por científicos alemanes y de la Universidad de La Laguna, ha analizado dos muestras de huesos hallados en Ponta de São Lourenço. El reducido tamaño de la primera ha impedido datarla, pero la segunda sí ha podido fecharse entre el año 900 y 1030, lo que supone el testimonio más temprano de lapresencia de ratones en Madeira.
“Las poblaciones actuales de ratón doméstico de Madeira muestran similitudes en el ADN mitocondrial con las de Escandinavia y el norte de Alemania, pero no con las de Portugal. Por tanto, esta segunda muestra analizada da pie a pensar que fueron los vikingos los que llevaron el ratón casero a la isla. No obstante, es una conclusión que debe ser ratificada con nuevos estudios morfológicos y genéticos de los fósiles de Ponta de São Lourenço, ya que hasta la fecha no hay referencias históricas de viajes vikingos a Macaronesia”, explica el investigador del CSIC Josep Antoni Alcover, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares).


Aparte de modificar los datos históricos, la nueva datación amplía el marco temporal en el que se produjeron los cambios ecológicos más significativos en la isla. Según los investigadores, la llegada del hombre habría desencadenado la extinción de especiesendémicas de aves en el archipiélago de Madeira (formado por Madeira y Porto Santo).
Una vez asentada, la población de ratones, que no difiere apenas de los ratones domésticos actuales, habría alcanzado una alta densidad debido a su potencial reproductivo y a la ausencia de ratas. Su actividad depredadora se habría centrado en los huevos y pollos de pequeñas y medianas aves, como las codornices o los rascones.
Los huesos obtenidos de los yacimientos del Holoceno indican que al menos dos terceras partes de las aves endémicas y dos especies no endémicas se extinguieron. También habrían tenido un destacado papel en permitir la prosperidad de otros depredadores como las lechuzas.

“La introducción de los ratones desembocó probablemente en una catástrofe ecológica, basada en la extinción de aves endémicas y en la modificación de la ecología de la isla cuatrocientos años antes de lo que se creía hasta ahora”, resalta el investigador del CSIC.

lunes, 5 de mayo de 2014

El lago Corrib (Irlanda) esconde barcos naufragados.




Unidad de Arqueología Subacuática de Irlanda (UAU) ha hallado los restos de doce barcos de madera, fechados entre el 2500 a.C. y el siglo XI, además de otros objetos, especialmente del período vikingo, en las profundidades del lago Corrib, que conecta con el mar en Galway, al oeste de Irlanda, según ha anunciado recientemente Jimmy Deenihan, ministro de las Artes, Patrimonio y de la Región de Lengua Gaélica. Uno de los barcos, hallado cerca de Carrowmoreknock, contenía armas del siglo XI, entre ellas tres hachas de guerra vikingas con mangos de madera intactos, un hacha de hierro y dos puntas de lanza de hierro, por lo que cabe la posibilidad de que el barco fuera hundido durante una incursión en el lago. Los hallazgos ofrecen una visión única de toda una serie de actividades prehistóricas y medievales, incluyendo el asalto, la caza, la carpintería, la construcción de barcos, el comercio, los viajes y el transporte, destaca Deenihan. 

Los primeros hallazgos fueron realizados por Trevor Northage, de 56 años, capitán de grandes buques dedicados al transporte de productos químicos por todo el mundo. Durante mi tiempo libre me dedico al levantamiento hidrográfico y a la cartografía. Disfruto elaborando cartas e investigando las aguas inexploradas que hay a nuestro alrededor; no hace falta irse a la Antártida, explica a Historia National Geographic. Descubrí el primer barco mientras me dirigía con un amigo lentamente por el lago hacia Annaghkeen, donde amarraba mi barco durante el verano. Fuimos a examinar algunas anomalías que había visto y ya nos dirigíamos a casa a última hora de la tarde cuando algó vibró en la cubierta de popa. Apagué el motor y navegamos a la deriva. Miré de nuevo la pantalla del sónar y percibí la inconfundible señal que emite la detección de un gran barco, agrega.

Uno de los restos de las embarcaciones halladas.

Northage realiza sus detecciones con un sónar de barrido lateral y una cámara submarina. Cuando detecta una anomalía en las profundidades, que puede corresponder al hallazgo de un pecio, se pone inmediatamente en contacto con la UAU y sus buzos realizan una inmersión para comprobar la magnitud del hallazgo. El barco de Annaghkeen data aproximadamente del año 2500 a.C. Mide doce metros de largo, tiene forma de canoa y fue tallado en el tronco de un solo roble con la ayuda de hachas y azuelas. Reposaba parcialmente enterrado en el lecho del lago a sólo cinco metros de profundidad. Una hendidura central recorre las tres cuartas partes del barco y cuatro hendiduras transversales crean una especie de compartimentos o espacios definidos, explica Karl Brady, quien dirige este proyecto arqueológico en la UAU, a Historia National Geographic. 

El hallazgo de las hachas fue afortunado. La respuesta del sónar fue muy pobre debido a que los restos naufragados estaban completamente cubiertos de sedimentos. El primer buzo que descendió retiró algunos sedimentos de la borda y descubrió los portantes de los remos perfectamente conservados, además de asientos, por lo que pensó que se trataba de un barco moderno. Posteriormente los buzos hallaron un hacha de guerra junto a la proa y comprendieron que se trataba de un barco bastante más antiguo de lo que parecía, comenta Northage, quien publica todas sus investigaciones en la webAnglingCharts. Las hachas del barco de Carrowmoreknock forman parte de la exposición Clontarf 1014, desde el 10 de abril de 2014 en el Museo Nacional de Irlanda, que conmemora la célebre batalla que tuvo lugar hace 1.000 años entre vikingos e irlandeses.

sábado, 29 de marzo de 2014

Vlad el Empalador. El terror de los Cárpatos.


Vlad Drácula o Vlad Tepes se considera uno de los personajes históricos más atrayentes e interesantes de los existentes a finales de la Edad Media en Europa. Un personaje controvertido, sin duda, cruel y sanguinario, que ha hecho correr litros de tinta y que sirvió de inspiración a Bram Stoker para su personaje literario más famoso: Drácula.
En este pequeño monográfico nos aproximaremos a su vida y reinado como voivoda en los Cárpatos; veremos los acontecimientos más significativos que le construyeron como persona y como gobernante e intentaremos entender qué le llevo en algunos casos a cometer las atrocidades que desde su tiempo se le atribuyeron.

lunes, 27 de enero de 2014

Los godos: Desde las frías aguas bálticas a los fríos sables árabes (Parte III).


Con esta tercera entrega concluimos nuestro monográfico sobre los godos. Sigamos por donde nos quedamos la última vez.
Como era de esperar, Alarico y los visigodos siguieron con sus ataques por el norte de Italia, incluso llegando a sitiar Rávena, sede del emperador Honorio. En estas fechas, alrededores del 406 d.C., encontramos gran cantidad de escritos eclesiásticos anunciando el fin del mundo y el castigo divino por los pecados del hombre; incluso a Alarico se le veía como un enviado de Dios (con Atila ocurrirá algo parecido). Esto muestra el estado psicológico en el que se encontraban los habitantes del Imperio por aquel entonces, un estado de miedo total y horror. Ya en el 408 d.C., Alarico siguió con su avance arrollador por toda Italia hasta llegar a las puertas de Roma en verano del 410. La Urbe, La Ciudad Eterna, vería como, tras más de 700 años sin ser invadida, un grupo de bárbaros penetraría hasta el corazon mismo del Imperio, ya agonizante, y llevarían a cabo una auténtica carniceria: casas calcinadas, miles de muertos esparcidos por las calles, gente refugiada por doquier,... Hay que tener en cuenta y recordar que Alarico era cristiano y había recibido educación romana lo cual contribuyó a un hecho sorprendente, y es que todas las iglesias y principales monumentos romanos se dejaron intactos y no fueron saqueados. 
Así pues, los visigodos permanecieron tres días en Roma, tras los cuales se dirigirían al sur de la Península Itálica, sin embargo, cuando iban a cruzar hacia Sicilia Alarico murió. Le sucedería Ataulfo (viene a significar “lobo prestigioso” o “lobo noble”). Con él el rumbo del viaje cambió y volvieron nuevamente atravesando Italia hasta llegar a las puertas de las Galias, donde los sucesos que estaban por llegar alcanzarían una magnitud e importancia como nunca antes habían sido visto por los visigodos...

sábado, 18 de enero de 2014

Los godos: Desde las frías aguas bálticas a los fríos sables árabes (Parte II).


Partiendo de donde lo dejamos en la última entrega, una vez llegados los godos a las zonas cercanas a la frontera oriental del Imperio Romano, sus costumbres, sus hábitos de vida y creencias cambiaron. La sociedad goda comenzó a dedicarse a la actividad agrícola y, en menor escala, a la ganadería, formandose en ella castas especializadas. Nace así una fuerza de campesinos libres y otra casta que estaba conformada por guerreros profesionales. Surge también una aristocracia que se dedica a acumular grandes riquezas obtenidas mayoritariamente del comercio con el Imperio Romano. Este cambio social y económico hacia una nación agrícola-guerrera, hace que las aspiraciones militares de los godos sean la conquista de tierras fértiles donde poder asentarse y desarrollar la actividad agraria. En todo el territorio conquistado se produce este poderoso fenómeno, pero se muestra una acentuación en comarcas visigodas, pues limitaban con el Imperio, por un lado, y con los ostrogodos, por el otro. Cabe destacar que estos últimos, los ostrogodos, en los años en que estuvieran en las costas del Mar Negro recibirían una importante impronta cultural por parte de los pueblos de las estepas por lo que adoptarían el uso frecuente del arco y el caballo.

sábado, 11 de enero de 2014

Los godos: Desde las frías aguas bálticas a los fríos sables árabes (Parte I).



Los godos, ese pueblo del que tanto se ha hablado y del que tan poco se suele saber. Desgraciadamente los caprichos de unos pocos han tergiversado la visión que tenemos de algunos aspectos de ellos, aspectos ya digo, muy modificados por las ideologías y la falta de rigor histórico, esencial para apartarse de la utilización política de la Historia. Últimamente, cuando suelo pasarme por algún centro comercial o librería tengo por costumbre acercarme a ojear las secciones de libros, y muchas veces veo alguna que otra novelilla de tres al cuarto, sensacionalista y cebada de tópicos sobre algún tema de los godos en la Península. “ Fulanita, la última goda de España”, “Menganito y Piticuso, los verdaderos reyes primigenios de España”. Esto es el resultado que nos dan las ideologías mal utilizadas y los escritores que presumen de conocimientos históricos cuando lo único que hacen es adaptar lo que les conviene. En fin, podríamos hablar largo y tendido sobre esto pero no es el tema que tenemos entre manos.
¿Quienes eran los godos? Tanto se ha hablado de ellos en las escuelas cuando éramos pequeños que tenemos metido el nombre en el subconsciente; sin embargo, la mayoria, no todos por supuesto, no sabemos realmente quienes eran.

domingo, 29 de diciembre de 2013

La Alquimia, el arte de la transmutación (Parte III: El instrumental alquímico y el trabajo del alquimista).


Prosigamos con el monográfico, esta vez centrados en el instrumental y el trabajo del alquimista, dos de los temas más interesantes dentro del mundo de la alquimia. Primeramente es conveniente saber que en la Grecia clásica será donde la alquimia empiece a adquirir algunas de sus características que más tarde se harán definitivas. Una de ellas, la primera y más importante, es el proceso de destilación. Hasta los primeros alquimistas griegos, la destilación era algo completamente desconocido en el mundo. La primera descripción de un alambique que ha llegado hasta nosotros se atribuye a uno de los primeros alquimistas femeninos conocidos, María la Judía, y es citado a su vez por otro de los alquimistas más célebres de la antigüedad, Zósimo, gracias a cuyos escritos ha llegado hasta nosotros buena parte de la alquimia griega. Este aparato (que esencialmente no sufrió ninguna variación hasta 1860) nos es descrito por Zósimo como un alambique de tres brazos, cuya utilidad (la de los tres brazos) no ha quedado aún suficientemente aclarada, ya que no estriba en la selección de los productos destilados, y se ignora cualquier otra posible aplicación. De todos modos, el alambique de tres brazos o tribikos fue muy usado a lo largo de los años por todos los alquimistas, al igual que el más normal de dos brazos o dibikos. A María la Judía se le atribuyen también otros varios inventos alquímicos, como son el método de calentar una sustancia mediante vapor de agua (método que en muchos países se conoce aún por "Baño María"), y el Kerotaxis.
El atanor es el instrumento básico del alquimista. Es un horno, pero se le conoce por atanor, ya que proviene del árabe al-tannur, que significa precisamente eso, "el horno". El horno alquímico, según la descripción que de él nos hace el alquimista Geber, ha de ser "cuadrado, de cuatro pies de longitud, tres de anchura, y un grosor de medio pie en las paredes". Los materiales a calcinar deben ser colocados dentro del horno en cazuelas de arcilla lo más resistentes posible, "como la arcilla que se emplea para la formación de crisoles, a fin de que puedan resistir la fuerza del fuego, incluso hasta la combustión total de la cosa a calcinar".

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Historia en la pantalla: El Reino de los Cielos (2005, Ridley Scott)

FICHA
Director: Ridley Scott
Año: 2005
Guión: William Monahan
Música: Harry Gregson-Williams
Fotografía: John Mathieson
Reparto: Orlando Bloom ---- Balian de Ibelin
            Eva Green ----------- Sybilla
           Jeremy Irons -------- Tiberias
           Liam Neeson -------- Godofredo de Ibelin
           Marton Csokas ------ Guy de Lusignan
           David Thewlis -------- Hospitalario
           Ghassan Massoud ---- Saladino
           Brendan Gleeson ----- Reinaldo de Châtillon
           Edward Norton ------ Rey Balduino IV
           Alexander Siddig ----- Nasir
           Michael Sheen ------- Sacerdote
           Velibor Topic -------- Almaric

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lunes, 16 de diciembre de 2013

La Alquimia, el arte de la transmutación (Parte II: Dos alquimias dentro de una: la exotérica y la esotérica).



  • Dos alquimias dentro de una: la exotérica y la esotérica.

Dentro de la alquimia propiamente dicha existen, digamos, dos tipos de alquimia: una externa y otra interna, una exotérica y otra esotérica. La primera de ellas, a la que podríamos llamar "Alquimia pública", ya que es la más conocida, se basa en la búsqueda de la famosa piedra filosofal (o simplemente La Piedra), maravilloso material entre cuyos inefables poderes se cuenta la virtud de transformar los metales "viles", es decir, el hierro, cobre, zinc, plomo, mercurio, en metales preciosos: oro y plata. A veces, esta piedra es conocida también como el Disolvente Universal, y también algunas veces, erróneamente, como el Elixir de larga vida.
Sus practicantes no se diferenciaban, y posiblemente eran los mismos artesanos que poseían grandes habilidades para trabajar los metales. Incluso, muchas veces, estos pretendidos alquimistas exotéricos no eran más que estafadores que intentaban aprovecharse de los incautos, lo cual fue causa de muchas de las persecuciones a que se vio sometida la alquimia y de buena parte de su descrédito. La existencia de estos falsos alquimistas no quiere decir, sin embargo, que no hubiera otros alquimistas exotéricos honestos y entregados lealmente a su labor, dedicando toda su vida a la búsqueda de estas panaceas que, a juzgar por los libros, casi nunca llegaron a conseguir.

Sin embargo, la vertiente más interesante sin duda es la alquimia esotérica, la cual es más una filosofía y un arte, incluso un medio para buscar la transmutación interior del propio alquimista. Veamos en qué consistía.

domingo, 8 de diciembre de 2013

La Alquimia, el arte de la transmutación (Parte I: Introducción y origen).




Numerosas han sido las veces que hemos oído esta palabra, muchos de vosotros, seguro, sin tener claro realmente lo que significa. El sólo término nos hace imaginar algo misterioso y esotérico, envuelto en un halo nebuloso que no deja ver mucho más allá. La alquimia es sin duda un tema de investigación fascinante y atrayente, del que hay una cantidad ingente de bibliografía; por ello, intentaremos hacer una disección explicatoria de esta práctica milenaria. La explicaremos como lo que realmente es, despojándola de los tópicos que se han ido creando alrededor de la misma y ahondando en su esencia primigenia, en su verdadero origen, viendo como fue evolucionando a lo largo de los siglos hasta su periodo de auge en el XVI y XVII y su posterior declive en el Siglo de las Luces.

Para que este monográfico sea más agradable de leer y menos cansado, puesto que su extensión va a ser considerable, voy a dividirlo en varias entregas. Eso sí, intentaré que no haya un espacio de tiempo muy prolongado entre cada una de ellas. Dicho esto como nota introductoria, veamos un índice de lo que nos espera en este viaje hacia la alquimia:

  • Introducción.
  • El origen de la alquimia.
  • Dos alquimias dentro de una: la exotérica y la esotérica.
  • El instrumental alquímico y el trabajo del alquimista.
  • La alquimia en el Medievo.
  • Su auge: siglos XV, XVI y XVII.
  • Su declive: siglo XVIII.
  • La alquimia hoy. 
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  • Introducción.

Para comenzar con nuestro monográfico veamos, a título introductorio, qué nos dice el historiador del arte y estudioso de la tradición Titus Burkhardt, en su obra Alquimia:
"Desde el Siglo de las Luces, la alquimia ha sido considerada como precursora de la química moderna y, por tanto, casi todos los investigadores que se han ocupado de ella se han limitado a buscar en sus escritos el punto de arranque de los posteriores descubrimientos de la Química. Este enfoque unilateral ha permitido, por lo menos, sacar a la luz un cúmulo de antiguas prácticas artesanas para la preparación de metales, colorantes y vidrio, escogidas de entre unos procesos aparentemente absurdos que, sin embargo, desempeñaban el papel más importante en la alquimia propiamente dicha. El que tal legado fuera en realidad copioso hacía más inexplicable aún aquel tenaz apego de los alquimistas a las fórmulas de su «magisterio» que, desde el punto de vista químico, eran del todo insensatas. La única explicación consistía en suponer que el irresistible deseo de obtener oro ha tentado una y otra vez a los hombres a creer en fórmulas fantásticas que, si bien se mira, no son sino la aplicación práctica de la antigua filosofía natural, entreverada de supersticiones; algo así como si se hubiera tratado de infundir en el cuerpo la «materia prima» aristotélica de todas las cosas mediante una combinación de toscas operaciones manuales y mágicos conjuros. A nadie le pareció inverosímil que, del engaño en el error y del error en el engaño, un «arte» semejante pudiera extenderse y prosperar en las más diversas civilizaciones de Oriente y de Occidente durante cientos e incluso miles de años.

Y es que existía el convencimiento de que, hasta unos doscientos años atrás, la Humanidad había estado aletargada y hasta aquel momento no había despertado al claro entendimiento. Como si el entendimiento pudiera experimentar una especie de desarrollo biológico. Este concepto de la alquimia queda desmentido por el carácter unitario del «arte», pues la descripción que se hace de la «Gran Obra» en los textos alquímicos de los siglos y ámbitos culturales más distintos presenta unos rasgos fundamentales constantes, que no pueden calificarse de empíricos. La alquimia india tiene la misma esencia que la de Occidente, y la china, aunque dentro de un marco espiritual completamente distinto, guarda cierta similitud con ambas. Si la alquimia fuese pura fantasmagoría, su lenguaje llevaría el sello de la arbitrariedad y la insensatez; mas, por el contrario, tiene todos los rasgos de una auténtica tradición, es decir, de una enseñanza orgánicamente coordinada, aunque en modo alguno esquemática, y unas reglas invariables, confirmadas una y otra vez por sus maestros. Por tanto, no puede ser una hibridación ni una especie de casualidad en la historia de la Humanidad, sino que debe de anunciar una fe profundamente arraigada en las posibilidades del espíritu y del alma".


  • El origen de la alquimia

La alquimia es un arte tan antiguo como la propia humanidad. Su nacimiento puede fijarse dentro de la primera "industrialización", es decir, con la aparición del Neolítico. Cuando los primeros pobladores del mundo dejaron de preocuparse exclusivamente por sobrevivir, y empezaron a reunirse en comunidades, surgió lo que se ha dado en llamar la primera civilización urbana.
Fue en su seno donde nacieron los primeros oficios, junto con la agricultura y el pastoreo: la carpintería, la metalurgia, la alfarería, la fabricación de tintes y colorantes. Sus técnicas eran simples pero funcionaban. No existía una ciencia como tal: los métodos no habían sido fruto de la investigación, sino de la casualidad y de la observación de la naturaleza. Y en todos ellos se hallaba presente la magia, esa magia característica de los pueblos primitivos, que quería que cada elemento común al hombre tuviera su dios particular, tanto en las cosas del cielo como en las de la tierra. Pronto el ser humano comenzó a dotar a cada elemento de la naturaleza de un espíritu o genio. Ríos, árboles, animales, metales, todo comenzó a adquirir un ente propio, inseparable, y que llegaría a formar la esencia misma de dicho objeto. Pero no sólo este tipo de elementos, sino también los celestes, donde planetas y estrellas se comenzaron a ver como entidades superiores, cuasi conscientes; así fue como surgiría las astrología, la cual, como veremos, estaría muy ligada a la alquimia.
Al principio se trata, por supuesto, tan sólo de una alquimia infusa, que ni siquiera merece el nombre de tal, y que está basada en una serie de ideas puramente intuitivas: la unión de dos metales produce otro distinto y donde el tratamiento de un metal puede hacer variar su color y sus características. Todos estos fenómenos eran fácilmente interpretados por los antiguos como transmutaciones, no como distintas apariencias de un mismo metal. Y esto, naturalmente, se puede aplicar a todos los metales, incluso los considerados como preciosos.

Así empieza a desarrollarse el embrión de una idea de la que nacerá después el primitivo espíritu de la alquimia: la de "aumentar" el oro, la de conseguir cambiar otros metales en oro, ya que el oro es el metal precioso y noble por naturaleza, y uno de los más codiciados también.

Representación de un alambique en un tratado árabe sobre alquimia.

Las primeras huellas de la alquimia aparecen ya en Mesopotamia y Egipto. No obstante, el documento más antiguo sobre el particular se considera que es un edicto chino del año 144 a.C., en el cual el emperador Wen castigaba con la pena de ejecución pública "a los monederos falsos y falsificadores de oro", puesto que, según los comentaristas contemporáneos del edicto, últimamente se había registrado la fabricación de mucho "oro alquímico", que no era en realidad tal oro. Otros historiadores de la Alquimia afirman por el contrario que el libro más antiguo sobre el particular es el griego Physika, de Bolos de Mendes, escrito aproximadamente en el siglo II a.C., y en el que se describe cómo fabricar oro, plata, gemas y púrpura, con fórmulas y recetas obtenidas de otras fuentes más antiguas procedentes de Egipto, Persia, Babilonia y China.

Pero aunque fuera ya conocida de los egipcios y de los griegos, es a través de los árabes que la Alquimia toma su forma definitiva, a través de la cual pervivirá durante tantos siglos y llegará hasta nosotros. A ellos se debe incluso su propio nombre, ya que la palabra Alquimia proviene del vocablo árabe al-Kimia, en el que la partícula "al" es el artículo definido mientras que "Kimia" significa arte, por lo que cabrá traducir la etimología de la palabra como "El Arte". Precisamente la alquimia era considerado por muchos alquimistas como el Gran Arte o Ars Magna. Pero los problemas comienzan a aparecer cuando se intenta averiguar en qué se basaron los musulmanes, que recibieron la alquimia de la tradición greco-egipcia, para denominar a esta encriptada disciplina.
Para muchos estudiosos, kimia provendría directamente de la palabra kemt o kemet, la cual significa “tierra negra”, y es el nombre que los antiguos egipcios daban a su propio país para resaltar la fertilidad del oscuro terreno aluvial regado por el Nilo. Si esto es así, alquimia significaría, sin más, “arte egipcio” o bien, de forma más poética, “arte del país de la tierra negra”.
No obstante, para otros, la palabra posee su origen en la lengua griega o en otro idioma, distinto al egipcio, en todo caso. Alquimia vendría de khemeia, vocablo griego derivado, a su vez, de khumus, que se usaba para denominar la savia o el jugo de las plantas, por lo que significaría algo así como “arte de extraer jugos”. Si en lugar de una planta, la esencia o jugo extraído fuese el de un metal, la palabra khemeia podría relacionarse a su vez con “metalurgia”, y en este sentido, parece que estamos ante otra posible etimología, igual de válida que la anterior, que hace derivar el vocablo en cuestión del verbo griego chyma, que significa curiosamente “fundir”.

Sea como fuere, la verdad es que no existe un consenso sobre las raíces ciertas del término. Esto no ha de sorprendernos puesto que los mismos alquimistas siempre trataron de ocultar, disfrazar o encriptar la verdadera naturaleza, la verdadera esencia de su arte, manteniéndolo alejado de cualquier persona o colectivo ajeno a esta disciplina.

Y hasta aquí la introducción, seguiremos en unos días con la siguiente entrega ;)


Keltos.


viernes, 6 de diciembre de 2013

El Tetramorfos

Entre las diversas manifestaciones artísticas del medievo europeo (ya sea en portadas, frescos o códices miniados), es frecuente encontrar como tema recurrente la imagen del Tetramorfos, la cual va a ser el motivo de análisis de esta nueva entrada dedicada al apasionante campo de la simbología e interpretación artística.

El Tetramorfos (del griego tetra (cuatro), morfo (forma)), es una representación iconográfica que consta de cuatro elementos diferenciados. Debido a que nuestras raíces culturales derivan en gran medida del cristianismo, la representación tetramórfica que más se recoge en los edificios y objetos decorativos del viejo continente es aquella formada por los Cuatro Apóstoles, de forma similar a la que se muestra en la figura inferior:


 Representación del Tetramorfos, con el Agnus Dei (Cordero de Dios) en el centro.
Talla medieval en marfil.

- El Ángel se asocia con Mateo, debido a que su evangelio comienza haciendo un repaso al linaje ancestral de Cristo. Además simboliza el amor.

- El León se identifica con Marcos, cuyo evangelio comienza hablando de la “voz que clama en el desierto”, refiriéndose a Juan el Bautista, cuyo “rugido” en las arenas del desierto se asocia al león. Simboliza el poder.

- El Toro se asocia a Lucas, pues su evangelio se inicia narrando el sacrificio realizado por Zacarías, padre de Juan el Bautista. Simboliza la fuerza.

- Por último, el Águila hace referencia a la figura de Juan, ya que su evangelio, al ser el más abstracto y metafórico, de alguna manera se “eleva” sobre los demás, lo que invita a relacionarlo con el vuelo y visión perspectiva del águila. Simboliza la inteligencia.

Sin embargo, nuestro objetivo no es tan sólo el meramente descriptivo. Lo que nos proponemos en esta entrega es realizar una pequeña labor de investigación, en la que trataremos de encontrar los orígenes que fundamentan el tetramorfos cristiano a través de un viaje hacia atrás en la Historia y el tiempo.

Los símbolos no nacen por generación espontánea. Normalmente, la forma final de un símbolo ha sufrido un lento proceso de génesis y transformación en el que, en la mayoría de los casos, toma elementos no sólo de la cultura a la cual pertenece, sino también de otras con las que directa o indirectamente ha mantenido algún grado de relación. Algunos símbolos que en principio pudieran parecer estandartes de una cultura determinada resultan ser, tras un estudio más detenido, una reinterpretación de uno ya existente en otra cultura con la cual, de uno u otro modo, mantuvo algún nivel de interacción en algún momento de su historia.

Necesariamente nuestro viaje ha de comenzar acudiendo a la fuente canónica por antonomasia de la imaginería católica: la Biblia. En el Apocalipsis (s.I-II d.C) ya se hace mención al tetramorfos, concretamente en el capítulo cuarto, donde se describe una visión del Pantocrátor rodeado por los símbolos de los apóstoles en la forma citada anteriormente. No obstante, no se trata ésta de una imagen genuina en absoluto: por el contrario, se toma prestada de un libro bíblico muy anterior, en concreto del quinto de los libros proféticos: el Libro de Ezequiel. El Apocalipsis es una obra de carácter escatológico, y como tal está escrito mediante el uso de un lenguaje eminentemente simbólico y metafórico, casi críptico, cuajado de continuas referencias eruditas a pasajes procedentes de libros canónicos, habiendo siendo particularmente influido por imágenes previamente presentadas por el profeta Ezequiel.

Retrocedamos pues ocho siglos en la historia del pueblo hebreo hasta el s.VI a. C; es en el capítulo primero del Libro de Ezequiel (el referente a la visión del carro de fuego), cuando por primera vez se referencia la versión del tetramorfos mas extendida en la iconografía cristiana:

Ezequiel, c1, v4: “Yo miré. Vi un viento huracanado que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante y resplandores en torno, y en el medio como el fulgor del electro, en medio del fuego. Había en el centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma humana. Tenían cada uno cuatro caras, y cuatro alas cada uno [...] En cuanto a la forma de sus caras, era una cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila. Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto…”



 El Profeta Ezequiel. Miguel Ángel, Capilla Sixtina (Roma).

Pero, ¿por qué elige Ezequiel esa metáfora en particular? En este caso, según cuenta el propio profeta en la introducción a su obra, el símbolo nace de una visión, una manifestación inconsciente fruto de un conocimiento adquirido de manera involuntaria  ¿Qué inspiraba pues la imaginación del profeta? Lo primero que debemos resolver es el contexto histórico y el marco temporal en el que se encontraba. La época en la que fueron escritas estas palabras fue crítica para el pueblo de Israel. En el año 598 a.C sube al trono de Judá el rey Joaquín (también conocido como Jeconías). Tan sólo un año después, en el 597, Nabucodonosor II el Grande, rey de Babilonia, invade el reino de Israel y toma previo asedio su capital, Jerusalén, destruyendo el mítico Templo de Salomón, haciendo prisioneros al propio Joaquín y a miles de ciudadanos y prebostes de la corte, a los cuales deporta a Babilonia en un exilio sin precedentes que se extendería durante décadas. Uno de esos prisioneros fue precisamente Ezequiel (del hebreo: Yejez·qé', que significa “Dios Fortalece”), joven perteneciente a un destacado linaje sacerdotal, que con el tiempo llegaría a ser un eminente teólogo y una de las figuras icónicas de la historia del pueblo hebreo. Según cuenta él mismo, “en el año quinto de la deportación del rey Joaquín, en el año treinta, del día cinco del cuarto mes” (contaba pues con treinta años de edad), y “estando entre los deportados a orillas del río Kobar” (afluente cercano al Éufrates, río que atravesaba Babilonia de Norte a Sur), es llamado por Yahveh al cargo de profeta entre los exiliados en Babilionia, posición prominente que ocuparía durante muchos años.


“Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén.” Rembrandt, óleo sobre tabla, 1630 (Rijksmuseum, Ámsterdam.) Jeremías, profeta coetáneo a Ezequiel, sufrió también la toma de Jerusalén, la cual había anticipado años atrás. La caída de la ciudad fue interpretada como un castigo divino por la corrupción y degradación en la que se hallaba inmersa la clase dirigente hebrea.

Tenemos pues al profeta ubicado ya en un marco espacial, temporal y cultural desde el cual interpretar su obra. Para ello, es preciso en este punto abandonar las fuentes bíblicas para asomarnos a las culturas de los pueblos que de una u otra forma influían la cultura hebrea del momento.

Algunos estudiosos afirman con contundencia que las visiones de Ezequiel estarían inspiradas en el zodiaco babilónico. El zodiaco se refiere a una banda imaginaria trazada sobre la esfera celeste, que se extiende de ocho a nueve grados a ambos lados de la eclíptica (línea aparentemente recorrida por el sol a lo largo de un año con respecto al fondo inmóvil de las estrellas), por la que transcurre el movimiento del sol y los planetas. Los babilonios, grandes astrónomos y matemáticos - el ziggurat de Babilonia (la mítica Torre de Babel) era por aquel tiempo el mayor centro astronómico del mundo - fueron los primeros que dividieron esta banda en doce partes iguales, siendo cada una de ellas un segmento del cielo de una extensión de treinta grados de arco (30ºx12=360º), bautizadas bajo el nombre de las doce constelaciones más destacadas que veían en cada uno de dichos segmentos, a las cuales asignaron nombres de animales. Esta región zodiacal subdividida en doce partes iguales se venía utilizando como calendario ya desde el s.XX a.C. Los griegos copiaron el sistema, y de ahí el nombre de zodiaco (del griego zoos, animal), que ha permanecido prácticamente inalterado hasta nuestros días. Puesto que Ezequiel se encontraba cautivo en Babilonia en el periodo en el que escribió su libro profético, es lícito pensar que pudiera inspirarse en el zodiaco para elaborar su tetramorfos; el hombre alado sería Acuario, el León se identificaría con Leo, el toro correspondería a Tauro y el águila se asignaría la figura de Escorpio.

A pesar de la solidez de esta teoría, desde mi punto de vista debe considerarse, cuanto menos, incompleta. La hibridación simbólica no es un rasgo genuino del arte babilónico durante la época de Nabucodonosor II; véanse por ejemplo los relieves de la puerta de Ishtar (la gran puerta monumental de Babilonia, construida durante el reinado del rey Nabucodonosor II, que hoy en día podemos admirar en el Museo de Pérgamo en Berlín). En ellas tan sólo aparecen representaciones animales puras (leones, toros…), pero nunca seres mezcla de partes animales y humanas. Las figuras androcéfalas mesopotámicas (los famosos toros antropomorfos o Lamassu, como el que se muestra en la imagen inferior) son más propias del arte asirio, casi dos siglos anterior al tiempo de Nabucodonosor II, aunque situado en la misma región espacial. Es lógico pensar que los babilonios de la dinastía caldea (de la cual Nabucodonosor I fue su máximo representante), podrían haber heredado de los asirios la costumbre de colocar a la entrada de la puerta de sus palacios figuras antropomorfas a modo de deidad protectora y benéfica.


Lamassu asirio. Bajorelieve procedente del palacio de Sargón II en Dur Sharrukin (actual Khorsabad, Irak). Museo del Louvre (París).

La argumentación podría tecnificarse aún más, sin aportar en modo alguno mucha más luz sobre esta hipótesis. Es robusta en todos los aspectos, pero en Antiquus preferimos no detenernos aquí. Daremos un paso más allá, y por ello optaremos por exponer otra teoría establecida a principios del siglo XX por el eminente psiquiatra y estudioso del símbolo Carl Gustav Jung, la cual, aun siendo menos extendida, es a mi parecer mucho más natural.

La influencia del imperio babilonio sobre los judíos de la época es indiscutible, pero quizás su evidencia nos impide percibir la influencia del otro de los grandes imperios de su tiempo. Si la superpotencia con la que lidiaba el reino de Israel por su frontera asiática era Babilonia, el Imperio Egipcio lo era al otro lado de la península del Sinaí. Es bien sabido que, desde sus inicios, Israel mantuvo con Egipto estrechas relaciones, las cuales sufrieron varias etapas de paz-enfrentamiento repetidas en el tiempo. Inherente a ese proceso de intercambio económico y geopolítico, subyace siempre una componente muy importante de permeabilidad cultural que, sin pretenderlo, configura buena parte del sustrato de toda relación diplomática; desde las relaciones establecidas entre las cortes al más alto nivel, hasta la “micropolítica” practicada en el marco de los intercambios cotidianos entre individuos de ambos lados de la frontera, el continuo proceso de ósmosis de símbolos y cosmogonías entre interlocutores de diferentes culturas ha sido un factor crucial en la formación de los pueblos y en la construcción de su historia.

Evidentemente, la originalidad y riqueza de la cultura egipcia no se circunscribió únicamente a las fronteras naturales del reino de los faraones; lejos de eso, su tremenda personalidad influyó en todo el mundo conocido, y el pequeño reino de Judá no fue una excepción: la propia arquitectura del templo de Salomón recordaba de manera clara las estructuras y la geoemetría de los primeros templos egipcios. Es por tanto en Egipto donde Jung busca el origen del Tetramorfos cristiano.

Una de las deidades más carismáticas del panteón egipcio fue sin duda el dios Horus, hijo de Osiris, vinculado a la realeza y al culto solar ya desde los tiempos predinásticos (5000 a.C.).


 Horus, representado como un hombre con cabeza de halcón.

En futuras entradas hablaremos largo y tendido sobre la influencia crucial que la mitología de Horus tuvo en la redacción de los evangelios canónicos, así como de las similitudes entre su vida y la del propio Jesús de Nazaret. Lo que nos interesa ahora es sobre todo su descendencia, o mejor dicho, el corpus iconográfico asociado a su representación.

Uno de los aspectos más importantes de la ceremonia de momificación de los muertos en Egipto era el momento en el que el embalsamador extraía las vísceras principales del cuerpo del difunto. Después de ser deshidratadas y tratadas con ciertos productos químicos, las cuatro vísceras más importantes del organismo (el hígado, los intestinos, el estómago y los pulmones) se envolvían en vendas de lino y se depositaban en cuatro recipientes denominados vasos canopos, en cuyo interior quedaban sumergidos en un líquido llamado “líquido de Horus”. En la tapa de estas pequeñas vasijas se representaban las formas de los cuatro hijos de Horus (Amset, Hapy, Kebehsenuf y Duamutef), cuya función era proteger su contenido de la destrucción. El hígado se depositaba en un canopo sellado con una tapadera con forma de cabeza humana, que representaba a Amset; por su parte, los pulmones se introducían en la vasija protegida bajo el símbolo de Hapy, representado por la cabeza de un babuino; la custodiada por Kebehsenuf albergaba los intestinos, y tenía forma de cabeza del halcón; por último, el dios Dumutef, representado por la cabeza de un chacal, custodiaba el estómago del difunto.


Vasos canopos: los cuatro hijos de Horus.

El marco temporal encaja a la perfección, pues las representaciones canopas preceden en el tiempo a las visiones de Ezequiel por espacio de milenios. Por otro lado, la ceremonia de momificación era uno de los rasgos más genuinos de la religión egipcia, y era bien conocida por el resto de las culturas con las que mantenía relación, con lo que un hombre erudito como Ezequiel sin duda sería conocedor de sus características. Además, la comparación entre la primera imagen mostrada en el artículo y la imagen superior en la que se incluye la fotografía de los cuatro vasos canopos revela una similitud cualitativa que habla por sí misma.

Así pues, concluimos que la visión de Ezequiel estuvo posiblemente influida de manera consciente o inconsciente por las representaciones figurativas de los vasos canopos y que, por tanto, para encontrar el germen del tetramorfos cristiano - cuya versión estándar aparece en el Apocalipsis de San Juan - hay que remontarse a la milenaria mitología egipcia, concretamente a las imágenes simbólicas de los cuatro hijos de Horus utilizadas en las ceremonias mortuorias del legendario reino del Nilo.

Nacho del Val


Bibliografía:

- CARCENAC PUJOL, CLAUDE-BRIGITTE. Jesús, 3000 años antes de Cristo. Barcelona: Editorial Plaza y Janés, 1991

- G. WAGNER, CARLOS. Historia del Cercano Oriente. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1999.

- JUNG, CARL G. El hombre y sus símbolos. Barcelona: Editorial Carlat. Biblioteca Universal, 2002.

- LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Breve Historia del Mundo Antiguo. Madrid: Editorial Universitaria Ramón Areces, 2012.