En
esta nueva entrada analizaremos el apasionante enfrentamiento
dinástico que involucró a todos los hombres fuertes de la Europa de finales del
siglo XV: la primera Guerra de Italia.
Por
aquel entonces el Mezzogiorno
italiano (el llamado “Reino de las
Dos Sicilias”, que abarcaba tanto a la propia Sicilia como el sur de la Italia
peninsular, desde Nápoles hasta el estrecho de Messina) era el objeto de deseo
de las potencias europeas. Sus recursos agrícolas, así como su posición
estratégica en el centro del Mediterráneo, hicieron que durante la Edad Moderna
las Dos Sicilias estuvieran muy
presentes en las ambiciones políticas de los soberanos del viejo continente.
Las
principales potencias del momento eran, por una parte, el tándem formado por
los reinos de Castilla y Aragón, con Fernando el Católico como garante de la
prevalencia aragonesa en el Mediterráneo, y por otro lado el reino de Francia,
con Carlos VIII a la cabeza. Éste último será el protagonista de nuestra
historia.
Fernando II de Aragón, llamado “el Católico” (arriba) y Carlos VIII de
Francia, llamado “el Afable” (abajo), los hombres fuertes de Europa a finales
del s. XV.
La
corona de Aragón dominaba Sicilia desde 1282 con un modelo llamado Reino Pactionado (Sicilia pasa a formar
parte del Reino de Aragón voluntariamente y a cambio mantiene una fuerte
autonomía institucional); sin embargo, no sería hasta 1442 cuando Alfonso I el
Magnánimo (Alfonso V de Aragón) se haga con el control del Reino de Nápoles (a
costa de Renato de Anjou, cuya casa noble regía los designios de Nápoles por aquel
entonces), estableciendo allí una corte renacentista que rivalizaría en
esplendor con la de los Medici en Florencia.

