lunes, 18 de noviembre de 2013

Una visión particular de las pinturas rupestres prehistóricas.




Para inaugurar el blog comencemos, pues, con un monográfico, en concreto uno relacionado con la psicología humana. El tema resulta tan apasionante (por lo menos para mi) como extraño. Ríos de tinta se han escrito sobre las pinturas rupestres en general y del paleolítico en particular. En este monográfico voy a intentar plasmaros, de una forma sintética, una de las hipótesis más interesantes que intenta explicar el significado de estas pinturas. Realmente nunca llegaremos a saber a ciencia cierta qué significado tenían estas pinturas, extendidas en un marco cronológico de unos 20.000 años, dado que jamás podremos observar ni entender de primera mano los motivos y el sentido con que los creadores de estas obras se movían para realizarlas. No obstante, existen algunas teorías, como la que os voy a mostrar, que sí parecen ajustarse razonablemente a una posible respuesta para estas creaciones humanas.


Desde el descubrimiento del arte paleolítico en el siglo XIX, interpretar la función y significado de las primeras expresiones artísticas de la Humanidad, ha preocupado más que profundizar en las razones de las obras de arte de cualquier otra época histórica. Después de un siglo de investigación varias han sido las respuestas ofrecidas por los principales investigadores, el arte por el arte, el totemismo, la magia simpatética, el estructuralismo, la semiótica y ahora el chamanismo, que es el que nos interesa para este monográfico (y por el que más me inclino como razón de estas pinturas). Casi todo ha sido ya propuesto, la gran mayoría de ellas han sido desechadas o superadas, otras van siendo matizadas. Esto es así porque interpretar el arte paleolítico resulta una tarea absolutamente subjetiva y generalmente indemostrable, nunca podremos conocer las motivaciones que empujaron al hombre paleolítico a crear este arte, cualquier valoración del mismo será sesgada por connotaciones culturales de las cuales somos herederos. No obstante, todas estas teorías van dejando un poso del cual nos vamos enriqueciendo día a día. Una de las teorías más interesantes y que considero más acertadas, dentro claro está de los márgenes subjetivos que implica tocar un contexto como este, es la de Jean Clottes y David Lewis-Williams, prehistoriador y antropólogo, respectivamente. La teoría propuesta por ambos defiende que las pinturas rupestres, como las de Altamira, Lascaux, Pech Merle o cualquiera de las que podemos encontrar en las innumerables cuevas franco-españolas, fueron realizadas en su mayoría por chamanes, chamanes en estado alterado o en trance. Para comprender lo que intento explicaros será mejor que primero veamos lo que entendemos por chamán y “estados de conciencia alterada”.

Cuando los viajeros procedentes de Europa occidental comenzaron a explorar las partes del mundo más lejanas se encontraron con unas creencias y unas prácticas religiosas que les parecieron extrañas y, en algunas ocasiones, hasta terroríficas. Como estos exploradores habían nacido en un ambiente social e intelectual en gran parte determinado por dogmas religiosos estrictos, su confianza en la verdad de sus propias creencias religiosas los condujo a considerar las de los otros como degeneradas, malvadas e incluso, en el sentido propio del término, satánicas. Por ejemplo, en Siberia, Marco Polo y las generaciones de viajeros que les siguieron fueron testigos de ceremonias especiales. Los protagonistas vestían con ornamentos elaborados y en ocasiones llevaban sobre la cabeza cornamentas de ciervo impresionantes. Ataviados de esta manera, danzaban y tocaban el tambor hasta entrar en trance. En este nuevo estado, los viajeros observaron que estos individuos predecían el futuro (supuestamente) y conversaban con los espíritus y los animales-espíritu. El concepto de chamán, adoptado por las lenguas occidentales, se aplica actualmente en todo el mundo a los especialistas que practican ritos parecidos. Entran en trance, de manera pasiva o bien de manera desenfrenada, con el fin de curar a los enfermos, causar los cambios de tiempo deseados, predecir el futuro, controlar los desplazamientos de los animales y conversar con los espíritus y los animales-espíritu. Casi sin excepción, los exploradores europeos, ya fuera en Siberia, en América o África, consideraron que tal conducta era extremadamente repugnante y “primitiva”. La ironía de la cuestión es evidente, ya que revelaciones y visiones relacionadas con distintas formas de éxtasis han sido parte integrante de la tradición judeo-cristiana desde la época del Antiguo Testamento. Pero la tradición chamánica se remonta todavía mucho más allá, concretamente a la aparición, durante la Prehistoria, de los verdaderos humanos modernos.

En todos los periodos y lugares, la humanidad ha conocido estados de conciencia alterada extática o frenética, además de las alucinaciones. De hecho, la capacidad de pasar, voluntariamente o no, de un estado de conciencia a otro, es otra característica universal que forma parte del sistema nervioso humano. Todas las culturas, y entre ellas las del Paleolítico superior, se han enfrentado de una manera o de otra a este problema que contempla diferentes estados de conciencia. En todo el mundo, la puesta en marcha, el control y la exploración de los estados de conciencia alterada constituyen la base del chamanismo, pues, desde una perspectiva neuropsicológica. Las recientes investigaciones sobre esta materia proporcionan el mejor acceso posible a la vida mental y religiosa de los pueblos que vivían en Europa occidental durante el Paleolítico superior, pues ellos también, como nosotros, eran Homo sapiens sapiens. Los distintos estados de conciencia alterada están tan íntimamente relacionados entre sí, que son difíciles de definir con claridad. En uno de los extremos de este conjunto se sitúa lo que podemos llamar a grandes rasgos la “plena conciencia”. En el otro extremo está el trance profundo, como el observado por aquellos primeros exploradores. Cuando los chamanes experimentan, creen percibir unas cosas que no están verdaderamente allí: dicho de otra manera, alucinan. Estas alucinaciones pueden ser felices, extáticas o terroríficas y, en estado profundo, afectan a los sentidos. No se trata simplemente de visiones; unas extrañas sensaciones recorren el cuerpo y los sentidos participan en las percepciones irreales. Estos estados de trance están causados por todo tipo de factores: epilepsia, esquizofrenia o migrañas, por ello, algunos antropólogos han llegado a la conclusión que ciertos chamanes, si no todos, eran enfermos mentales dotados de la capacidad de transformar su problema de salud en una ventaja. Sin embargo, el consumo de algún tipo de drogas, el dolor intenso, la danza extenuante y los sonidos insistentes y rítmicos o la privación sensorial (ausencia de luz, de ruido y de estimulación física) también contribuyen a entrar en un estado de conciencia alterada. El estado de conciencia alterada, según antropólogos y psicólogos, puede dividirse en una serie de estadios en función del grado de enajenamiento que viva el individuo.

Estadios de conciencia alterada según Jean Clottes y David Lewis-Williams

Principalmente se divide en tres etapas o estadios, como los que muestra el dibujo. En el primer estadio de trance, el más ligero, se ven unas formas geométricas tales como puntos, zigzags, parrillas, conjuntos de líneas o de curvas paralelas entre sí y de meandros. Estas formas tienen unos colores vivos que centellean, se mueven, se alargan, se contraen y se entremezclan. En el segundo estadio, los chamanes se esfuerzan por racionalizar sus percepciones geométricas. Las transforman, dentro de sus ilusiones, en objetos cargados de significado religioso o emocional, a veces en elementos del estado de ánimo del participante. Los occidentales, por ejemplo, pueden interpretar una forma redonda y luminosa como una taza de agua si tienen sed o como una bomba si tienen miedo, mientras que los zigzags en movimiento se transformarán en las ondulaciones de una serpiente. Se alcanza el tercer estadio por medio de un torbellino o de un túnel transitorio. El individuo se siente atraído por el torbellino, al final del cual se ve una luz viva. En los laterales del torbellino aparece un enrejado derivado de las imágenes geométricas del Estadio 1. En la malla de ese enrejado, el chamán observa sus primeras verdaderas alucinaciones en forma de personas, animales u otros elementos. Cuando sale del final del túnel se encuentra en el extraño mundo del trance: los monstruos, los humanos y el entorno son intensamente reales. Las representaciones aparecen proyectadas sobre las superficies que rodean a los chamanes, quienes están con los ojos abiertos. Al mismo tiempo, las propias superficies se animan. Además, en el Estadio 3, el individuo siente que puede volar y se transforma en pájaro o en otro animal. No “ve” más que simplemente cosas extrañas, lo cual forma parte íntima de la alucinación. Llegados a este punto, os preguntaréis qué tiene que ver todo esto con las pinturas rupestres paleolíticas encontradas en las diferentes cuevas europeas. Debemos tener en cuenta que el chamanismo era algo común entre las comunidades de cazadores-recolectores del paleolítico, eran los recipientes del saber, los que interpretaban visiones y sueños, como hemos visto. Por tanto, no es descabellado suponer que todas o la mayor parte de las pinturas e incisiones realizadas en estas cuevas se hicieron bajo un estado de conciencia alterada, dado que responden en gran medida a los estadios antes descritos, como veremos ahora. La concepción de un “cosmos” o un “otro mundo” chamánico estratificado se adapta muy bien a tales actos. Como hemos visto, uno de los estadios consiste en una especie de “mundo inferior” ocupado por los animales-espíritu y otras criaturas espirituales. Parece muy probable que los mismos factores neuropsicológicos universales hayan igualmente conducido a los paleolíticos a creer, y esto es verdaderamente llamativo, que existía un mundo subterráneo similar. No sorprende que hubieran creído que las cuevas conducían a este estrato subterráneo del cosmos. Paredes, techos y suelos no eran más que unas finas membranas que los separaban de las criaturas y de los acontecimientos del mundo inferior, del más allá. Los que se adentran en las cuevas las consideran como lugares terribles, de tránsito, que les conducían a otro universo. Quizá deberíamos decir que las cuevas constituían propiamente las entrañas de este universo. Gran parte de las cuevas que encontramos, sobre todo las que se fechan entre el 18.000 y el 10.000 antes de Cristo, es decir, las del periodo Magdaleniense, sitúan sus pinturas en el fondo de la cueva, a veces en recovecos en los que el acceso es realmente complicado, sobre todo si pensamos que estos artistas-chamanes llegaban allí sólo con algún tipo de candil de grasa natural, cuya luminosidad era a veces bastante pobre. De esta manera se observa que los lugares donde encontramos los símbolos y signos, los animales y otras formas extrañas se sitúan en lugares poco accesibles para la comunidad. Por esta razón es lógico pensar que estos lugares semiocultos hacían las veces de santuario, de lugar de comunicación con los espíritus, a través de las paredes.
Veamos algunos ejemplos de lo explicado hasta ahora.


Estadio I de conciencia alterada

Cueva de El Castillo


Cueva de El Pindal

Estadio II de conciencia alterada

Pech Merle (Francia)
Esta imagen es bastante llamativa. Como véis, se observan unas cuantas manos, manos que se disponen alrededor de los caballos como intentando absorberles la esencia vital (interpretable por los puntos que salen del cuerpo del caballo) para que estén más debilitados a la hora de darles caza. Otra interpretación, más aproximada a lo que hemos visto hasta ahora, es que son espíritus y que las manos intentan como acceder a ese mundo, ese más allá solo separado por la membrana-pared de la cueva.

Lascaux (Francia)

Altamira

Estadio III de conciencia alterada

Lascaux
No deja de ser llamativa esta pintura por más que la veamos; una especie de hombre con cabeza de pájaro, desnudo, al parecer muerto y que se puede interpretar como un chamán por el báculo o baston que aparece al lado, también con un elemento ornitológico en uno de sus extremos. Junto a él, un bisonte, también al parecer con las tripas fuera. Esta imagen es dificil de interpretar pero es posible que pueda ser un combate, el resultado de una lucha imaginaria entre el chamán y un gran bisonte o un espíritu bisonte.

Trois Frères
En esta cueva se pueden encontrar algunas representaciones como esta, un ser bípedo pero con cuerpo de ciervo. La cara es humana por lo que puede interpretarse como uno de esos monstruos o seres que aparecen en este estadio o bien puede ser un chamán visto a sí mismo en pleno trance.

Así que como conclusión de este monográfico, podríamos decir que las pinturas rupestres paleolíticas podrían tener varias lecturas, o varias hipótesis, para su interpretación. Unas serán más acertadas o más razonables que otras, pero todas parten de un razonamiento subjetivo, como veíamos al principio. Es prácticamente imposible entenderlas del todo; no somos hombres del Paleolítico medio o superior, ni pensamos de la misma manera, pensamos y razonamos como hombres modernos que somos, con los prejuicios, modismos y razonamientos actuales. Por tanto, podemos aproximarnos y suponer qué significado y con qué motivo hicieron estas obras de arte pero nunca sabremos ni estaremos seguros del sentido verdadero de estas pinturas.
Por último, os dejo un enlace a la página web oficial de la Cueva de Lascaux, donde podréis ver en 3D cada uno de los recovecos y pinturas de esta cueva. Una visita virtual de lo más curiosa. Un saludo y hasta la próxima.


4 comentarios:

  1. me ha gustado muchísimo esta entrada, muy bien explicado! Gracias.

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  2. Muchas gracias Judit, es un buen comienzo para el blog ^^

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  3. Muy curiosa esta relación entre determinadas pinturas rupestres y el chamanismo. Para los expertos debe ser un verdadero desafío el intentar interpretar las pinturas más abstractas, ya que supone intentar meterse en la mente unos autores que vivieron hace cientos de miles de años. Y más curioso es que esa tradición del chamán casi sobrevivió en algunas culturas prácticamente hasta nuestros días, a pesar del abismo de tiempo transcurrido. Interesante, no hay duda.

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  4. El problema, como comento en el monográfico, es que es harto complicado lograr si quiera acercarse a lo que estos pintores pensaban cuando realizaban las figuras. Es una hipótesis y, por tanto, está sujeta a críticas, pero personalmente me parece una teoría bastante consistente, sin ninguna clase de duda.

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